Colombia vota en el tablero del Greater America neomonroísta

Alfredo Jalife-Rahme encuadra las elecciones colombianas de este domingo dentro del proyecto Greater America, el programa de dominación regional que el evangelicalismo sionista articuló desde Washington para controlar el tablero político latinoamericano. Sus instrumentos son el financiamiento transnacional, la manipulación mediática coordinada y la presión directa sobre actores económicos estratégicos.

estatua de simon bolivar

Jornada electoral en Colombia este domingo 31 de mayo. Los 41,4 millones de ciudadanos habilitados para votar definen un proceso que el analista Alfredo Jalife-Rahme inscribe en la disputa global por la hegemonía política de América Latina. Foto: EFE


31 de mayo de 2026 Hora: 04:40

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Colombia vota hoy en medio de una disputa que desborda sus propias fronteras. Según el análisis del geopolítico mexicano Alfredo Jalife-Rahme, esta elección presidencial funciona como pieza estratégica del proyecto neomonroísta del Greater America, articulado desde el Departamento de Guerra estadunidense bajo la dirección de Pete Hegseth, figura central del evangelicalismo sionista. La advertencia de Jalife va más lejos. El proceso colombiano, sostiene, prefigura dinámicas que podrían replicarse en México si ese país llega a celebrar comicios.

Lo que ocurre en las urnas tiene su correlato inmediato en el terreno electoral. Las encuestas apuntan a un balotaje entre Iván Cepeda, candidato respaldado por el petrismo, y el empresario Abelardo de la Espriella, converso reciente al evangelicalismo. Los márgenes favorables a Cepeda oscilan entre el 3 y el 10 por ciento, una franja que Jalife considera estadísticamente insuficiente para cerrar el escenario y que mantiene abiertas las sorpresas en ambas direcciones.

Esas cifras, sin embargo, no capturan la verdadera complejidad de lo que se disputa. Detrás de las candidaturas opera una trama financiera de doble filo. La familia Gilinski, identificada por Jalife como «banqueros jázaros», mantiene vínculos simultáneos con la dupla Petro-Cepeda y con Abelardo. Su alianza con magnates de Emiratos Árabes Unidos —socios estratégicos de Israel— se consolidó mediante la adquisición del grupo alimenticio Nutresa, la revista Semana y el periódico El Heraldo. Las presiones combinadas de Donald Trump y de redes sionistas evangélicas están inclinando el peso de los Gilinski hacia Abelardo, en una operación que trasciende lo electoral para instalarse en la reconfiguración del poder regional.

Esa dinámica de respaldos cruzados se extiende también al plano internacional. El soporte externo de Cepeda proviene del Grupo Barcelona, red política europea que incluye al expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero y mantiene afinidad con proyectos progresistas latinoamericanos. Abelardo, por su parte, recibe el apoyo público de Eduardo Verástegui, quien acudió a un rosario en señal de respaldo al converso, gesto que condensa la fusión entre simbolismo religioso y cálculo electoral característica del bloque conservador. Las fórmulas vicepresidenciales añaden otra capa de lectura. Cepeda lleva como compañera a la dirigente indígena Aída Quilcué; Abelardo eligió al tecnócrata José Manuel Restrepo, una decisión que Jalife señala como factor de desgaste ante segmentos clave del electorado femenino.

Mientras los candidatos movilizan sus apoyos en terreno, para Jalife la batalla por la percepción pública se libra en otro frente. Polymarket, plataforma de apuestas controlada por Shayne Coplan y con fuertes vínculos financieros con Peter Thiel —quien este mismo domingo se encuentra con Javier Milei en Argentina—, construye la narrativa de un triunfo inevitable de Abelardo. Esa operación tiene su correlato directo en el mapa mediático colombiano, donde dos bloques claramente identificables chocan desde que arrancó la campaña. RTVC Noticias, Señal Colombia, Noticias Uno, teleSUR, Revista Raya y Señal Investigativa cubren el proceso con una línea editorial diferenciada; en la vereda contraria, Caracol, RCN, Blu Radio, W Radio, El Tiempo y Semana alinean su cobertura con Abelardo o con la candidata uribista Paloma Valencia. Valencia cuenta con el respaldo del expresidente mexicano Felipe Calderón y de intelectuales vinculados al entorno Soros, entre ellos Enrique Krauze y Jorge Castañeda Gutman.

La fractura política mexicana proyecta su sombra sobre el proceso colombiano con una nitidez que Jalife subraya. El foxismo y el calderonismo, identificados con redes sorosianas, mantienen tensiones visibles con el guadalupanismo de Ever Astudillo, división que el analista considera determinante para leer las alianzas transnacionales que se mueven detrás de las candidaturas. El cierre de campaña de Abelardo en Barranquilla, con la presencia de Dan Newlin —uno de los mayores donantes de la campaña de Trump—, confirmó que la injerencia estadunidense en este proceso no se limitó a la retórica.

Esa presencia adquiere también una forma más visible y formal. El congresista republicano Bernie Moreno, de origen colombiano y estrecha vinculación con sectores conservadores de Washington, llegó al país como «observador electoral» con autorización de las autoridades locales. Se suma a una delegación de 86 funcionarios del Ejecutivo estadunidense desplegados en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga y Cartagena. Jalife interpreta ese despliegue como mecanismo de presión política, no como acompañamiento técnico neutral.

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El ecosistema mediático regional refuerza ese cuadro con sus propias piezas. Infobae, al que Jalife califica como portavoz del Comando Sur neoliberal de origen argentino, sostiene una línea editorial crítica hacia Petro. La Derecha Diario, propiedad del español Javier Negre y del argentino Fernando Cerimedo —figura muy cercana a Milei—, apoya abiertamente a Abelardo. Lo mismo hace la Fundación Faro, organización libertaria conservadora fundada por Agustín Laje y el economista chileno Axel Kaiser, también presidente de la Fundación para el Progreso en Chile. Estas articulaciones, señala Jalife, integran una red de influencia ideológica y financiera que opera en simultáneo sobre varios procesos electorales de la región.

Con ese mapa desplegado, el analista formula su advertencia más directa. La combinación de financiamiento a gran escala, manipulación mediática coordinada y el factor Trump —quien mantiene un conflicto abierto con Petro pese a la reunión reciente entre ambos— convierte la segunda vuelta en un escenario de alta vulnerabilidad. Al mismo tiempo, Jalife señala un quiebre dentro del propio campo conservador. Eduardo Verástegui parece haber roto con Milei, fractura que podría redistribuir alianzas antes del balotaje y alterar los cálculos de los actores externos que apuestan por Abelardo.

La colisión entre petrismo, guadalupanismo y mileismo define hoy una disputa por la hegemonía política latinoamericana donde cada actor movilizó recursos simbólicos, financieros y mediáticos. Colombia funciona este domingo como campo de prueba del neomonroísmo estadunidense actualizado bajo la retórica del Greater America. Los boletines llegan esta noche.

Autor: teleSUR: drb

Fuente: Alfredo Jalife